Justificación y Objetivos del GID-74

 

Justificación del Grupo

La violencia forma parte de la fundación y conservación de un régimen político. Es decir, sirve para apuntar hacia una transformación decisiva de la sociedad o bien para fortalecer y conservar los vínculos de dominación que la sostienen. Ahora bien, en el terreno político se mantiene como una amenaza latente y muchas veces estructura la manera como se articulan las redes de socialización y el conjunto de valores que rigen una comunidad, o por lo menos la sensación de habitar en un espacio que genere efecto de habitar en una. Esa red de valores que opera en el plano simbólico e imaginario de los pueblos está directamente relacionada con la identidad. La identidad actúa sobre un campo que incluye un territorio, población, recursos e instituciones que hacen posible la existencia de un colectivo, por no decir una nación.

            El recurso de la violencia no sólo aplica para fundar o conservar un orden, como ya mencionamos al principio, sino también son importantes las dimensiones representativas que la  recrean en otros campos de acción humana; por ejemplo, la producción cultural. Pero, ¿cómo ha sido su puesta en escena en la cultura latinoamericana y caribeña, principalmente en la literatura, la cinematografía, la fotografía y los medios de comunicación? ¿Será posible un acercamiento reflexivo y, a la vez, objetivo y desprejuiciado, a ésta? ¿Con cuáles espacios de construcción ficcional han trabajado los escritores y los artistas, en general, para estructurarle un cuerpo de representaciones? Desde estas preguntas, este grupo de investigación pretende leer la violencia política como uno de los grandes temas de la contemporaneidad en América Latina y el Caribe, buscando siempre un análisis que, al tiempo que la desmonte como acto y discurso llevados al arte, también origine una visión crítica y consciente hacia el problema que plantea.

            Interesa observar los discursos que sustentan las manifestaciones culturales en torno al tema de la violencia, analizar bajo cuáles indicadores la aborda y si, en todo caso, estos son suficientes para estimular un debate que sea capaz de proporcionar planes de acción conjunta para aminorar su impacto y generar una comunidad discursiva acorde con este fenómeno social de orígenes, prácticas y consecuencias tan diversas.

            La violencia frecuentemente observada se basa en la descripción de índices criminales, principalmente en organizaciones relacionadas con el tráfico de drogas, la corrupción política, las cárceles, etc. Sin embargo, es importante resaltar que ese tipo de violencia analizada sólo apunta hacia una perspectiva del fenómeno, en la mayoría de los casos son formas de violencia asociadas a la pobreza, su impacto en las comunidades y demás sectores sociales, es una violencia que podríamos denominar criminal. La lectura convencional sobre la violencia criminal describe y diagnostica, al mismo tiempo que apela al recurso anecdótico y subjetivo de los efectos que produce. Aun así queda la sensación de no aportar soluciones efectivas, o por lo menos planes de acción que busquen operar dentro de una dimensión objetiva de la violencia. La violencia que intentamos demostrar es la que genera el capital como sistema de producción que pone a circular un conjunto de desigualdades, exclusiones y diferencias que operan de diversas formas hasta el punto en que se articulan como factores de socialización.

            Así, nuestro aporte está en demostrar que esa lógica del capital está presente no sólo en materia económica sino en el plano ideológico, específicamente en la manera como se enfocan ciertas prácticas que abarcan la producción cultural, entre ellas la manera de ejecutar políticas de comunicación que criminalizan la pobreza y generan un cuadro estigmatizador del sujeto que proviene de los sectores sociales más vulnerables, así como la sensación de minusvalía, indefensión y victimización de la población en general ante el fenómeno de la violencia, ya sea ésta criminal o política. Entonces, la producción cultural podría servir como agente capaz de mostrar la fisura que genera el desequilibrio y servir de elemento importante, por no decir efectivo, para la conformación de acciones que busquen intervenir el plano social. Dicha relación, la cultural y política, es el aporte que desde una perspectiva interdisciplinaria buscamos desarrollar como grupo de investigación.

            Existe una relación entre la violencia y la comunidad (entendida esta última como ser en común). La lógica del Estado modernizador asume que sólo existe una manera para conformar comunidad y es, precisamente, bajo las premisas del modelo de nación liberal, de esta manera quedan excluidas otras lógicas de organización que se legitiman en las comunidades subalternas. Al querer imponer una forma de socialización, basada en la implantación de una  economía de mercado, el Estado reprime y violenta otros vínculos posibles, bien sea afectándolos en el plano simbólico o en la realidad de mecanismos represivos que criminalizan la rebelión e insubordinación. Entonces, valdría la pena pensar la violencia y su análisis desde distintas perspectivas, principalmente en la manera como esta no sólo es capaz de fisurar vínculos sino también conformar, a partir de su irrupción, otras maneras de sociabilizar desde las comunidades en sí. La manera como operan estas comunidades disruptivas modifican y alteran los vínculos anteriores, así quedan ajenas y paralelas a la lógica del Estado moderno y su proyecto nacional hegemónico. La aproximación a la violencia puede ser manejada, a nuestro juicio, de tres maneras: 1) A través del discurso populista que capitaliza políticamente la diferencia y la depotencia; 2) Creando un margen de acción autónoma, es decir una mediación directa de las bases sociales articuladas en función de solventar los problemas directos de su localidad; 3) Aplicar sistemáticamente la represión por medio de los cuerpos de seguridad del Estado, administrar la violencia sobre aquello que se percibe como violento y amenazante para el orden interno. Nuestro interés estará enfocado en la segunda aproximación.

Objetivos Generales

  • 1.- Reflexionar acerca de cómo en Latinoamérica y el Caribe la narrativa, el testimonio, la fotografía, los medios de comunicación, etc., se involucran con la violencia política y la someten a sus respectivos sistemas de enunciados.

  • 2.- Desarrollar algunos planteamientos sobre la violencia política que permitan visualizarla como uno de los núcleos de discusión de los estudios culturales contemporáneos.



Objetivos Específicos

  • 1.- Elaborar espacios críticos de lectura en torno a la violencia política mediante diferentes géneros, como la narrativa, el testimonio y la fotografía.

  • 2.- Evidenciar cómo a través de estos espacios se construye un imaginario específico dentro del tema de la violencia política latinoamericana y caribeña.

  • 3.- Pensar acerca de la posibilidad de que en el tratamiento de la violencia política aparezcan categorías particulares de sujetos, entre éstas las del delator, el torturador y la del voyeur del horror.